La otra vida de los datos fiscales

Ya se ha convertido en costumbre (muy saludable, por cierto) esperar que, cuando tenemos que hacer nuestra declaración de la renta, la Agencia Tributaria nos proporcione los datos necesarios para cumplimentar el modelo.

Disponer de los datos fiscales en el momento de la declaración es posible gracias al desarrollo en los últimos treinta años de un sistema informativo que se basa en dos pilares: los modelos de autoliquidación y los modelos informativos de terceros. Los primeros sirven para liquidar los impuestos. Un ejemplo es nuestra declaración de renta, pero también son modelos de este tipo las declaraciones que las empresas presentan mensual o trimestralmente para ingresar el IVA o la declaración a través de la cual los empleadores (empresas, organismos públicos, …) ingresan las cantidades que retienen de nuestro salario. Los modelos informativos, en cambio, no tienen como objetivo la liquidación de impuestos, sino completar la información incluida en las autoliquidaciones, comprobar el cumplimiento de las obligaciones de los que han presentado esas autoliquidaciones y, sobre todo, proporcionar información sobre los terceros implicados.

El ejemplo de las retenciones del trabajo sirve para ver el funcionamiento del sistema. Una empresa con personal asalariado debe presentar todos los meses o trimestres (dependiendo de su tamaño) una autoliquidación con información sobre el número de perceptores de salarios, la masa salarial que ha abonado a su personal y las retenciones ligadas a esos salarios pagados. La empresa calcula las retenciones para cada uno sus trabajadores, aunque en la autoliquidación figuran las cifras agregadas de toda la entidad. Finalizado el año, la empresa tiene que presentar un modelo informativo en el que se detalla, para cada uno de los asalariados que ha percibido alguna remuneración a lo largo del año, el salario percibido por el mismo, las retenciones practicadas y las características personales y de su contrato que sean de relevancia para el cálculo de la retención. Esa información que la empresa ha declarado en el modelo informativo es la que la Agencia nos ofrece cuando vamos a hacer nuestra declaración.

El ejemplo anterior se refiere a los salarios, pero el mismo modelo se utiliza para las pensiones, las prestaciones de desempleo y otras rentas similares, y existen modelos semejantes para otro tipo de rentas (los intereses de cuentas bancarias, los dividendos, los intereses de Letras del Tesoro, las rentas procedentes de determinado tipo de arrendamientos, …). De hecho, el número de modelos informativos ha ido creciendo a lo largo del tiempo como resultado lógico, por un lado, de la cada vez mayor complejidad de las relaciones económicas y, por otro, de la eficacia de estos modelos, mediante el cruce de información, en el control del fraude.

Pero además de todas estas virtudes, que se centran, como es normal, en la propia gestión de los impuestos, los datos fiscales producto del sistema informativo de la Agencia tienen otras utilidades, otras vidas. Veamos por qué.

Piénsese que al final de un ejercicio cualquiera la información que proporcionan, tanto los modelos de declaración como los informativos, permiten disponer de un censo completo con todas aquellas personas que han percibido alguna renta a lo largo del año, incluso algunas más si tenemos en cuenta que esos modelos permiten captar los datos de personas que han podido tener alguna relación con un tercero, aunque eso no se haya traducido en un pago o una retribución (por ejemplo, si se tiene una cuenta bancaria sin remuneración). De todas estas personas se sabe además sus rentas y los impuestos personales pagados. Es fácil darse cuenta de todas las posibilidades que se abren en distintos ámbitos, las otras vidas que pueden tener los datos.

Los datos fiscales, una vez depurados, ordenados y debidamente anonimizados, encontraron otra vida al margen de su propia función en la estadística pública. En un primer momento fueron útiles para completar los marcos poblacionales de las encuestas. Su utilidad fue creciendo cuando parte de la información que se conseguía mediante encuestas se obtenía de los datos fiscales, reduciendo así la carga que para las empresas o los individuos supone la colaboración con los institutos de estadística. El uso de los datos fiscales fue ampliándose hasta llegar al punto de que, junto con otros registros administrativos, es posible realizar operaciones estadísticas de gran envergadura sin necesidad de recurrir a un largo proceso de entrevistas personales (el último censo de población ha sido elaborado así). Y finalmente, hay un paso más que es el de utilizar la exhaustividad de la información fiscal para poder dar información con un nivel de detalle imposible de conseguir con los métodos tradicionales (el Atlas de Distribución de Renta de los Hogares que publica el INE es un buen ejemplo).

El fin de la estadística pública es proporcionar un conocimiento profundo de nuestra realidad para una mejor gestión de los recursos públicos. La implementación y gestión de políticas públicas bien diseñadas que alcancen sus objetivos solo es posible si se dispone de una información con el suficiente nivel de detalle. Y para ello no hay mejor herramienta que el conocimiento que garantizan los datos fiscales.

Rafael Frutos Vivar

Subdirector de Presupuestación y Seguimiento de los Ingresos Tributarios en la AEAT

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