BlockTax

Muchas veces nos explican conceptos que si bien atisbamos a entenderlos no es hasta que los hacemos pasar por el método empírico cuando los hacemos nuestros. Así, por ejemplo, en una economía doméstica con recursos limitados necesitamos: primero, saber de qué recursos disponemos exactamente; segundo, conocer el coste de obtención de los múltiples bienes a los que queremos acceder y, por último; el coste de oportunidad de destinar los recursos limitados que tenemos a uno u otro fin. 

Es por tanto este proceso de toma de conciencia lo que hace que una persona conozca y pueda sentir afectación a la materia que le ocupe (en este ejemplo, la gestión de un presupuesto familiar) y, consecuentemente, con ese conocimiento ser capaz de tener una opinión propia y razonada así cómo disponer de herramientas para la toma de ulteriores decisiones.

Si trasladamos esta idea al ámbito tributario es llamativo observar como una gran cantidad de ciudadanos desconocen la razón de ser de los impuestos y, por ende, existe una cierta resistencia a su pago y una gran desafectación de lo que este proceso de pago implica y para lo que se destina, lo que a la larga podríamos decir que nos hace una sociedad escasamente evolucionada en términos de conciencia social y fiscal. Pues una sociedad, un grupo, que conoce sus recursos, sus necesidades y toma decisiones sería altamente capaz para abordar la práctica totalidad de los retos de su vida en común con altas cotas de satisfacción. En la esfera privada la conciencia existe, y podría decirse que por ello la gran mayoría de las personas gestionan correctamente sus finanzas y decisiones. El problema es el salto a la esfera pública, cuando lo que hemos de pagar es lo común, y el método empírico pareciera difícil de alcanzar en términos generales, perdiendo la conciencia y el conocimiento de lo que se maneja y las decisiones que se toman.

Por ello, si buscamos entre las posibilidades que la actualidad nos brinda para esa toma de «conciencia», conciencia propia en cada uno (si no lo veo no lo creo), podríamos aquí apuntar a la idea de implementar la tecnología blockchain en el pago de impuestos. Pero, ¿qué es el blockchain? Sin entrar en detalles técnicos, el blockchain (o cadena de bloques de información) es similar a lo que conocemos en contabilidad como un libro contable. Es decir, un sistema que nos permite registrar toda la información relativa a quién ingresa, qué cantidades, así como quién gasta y en qué se gasta. Una red blockchain se caracteriza esencialmente por ser inmediata (tecnología que permite un conocimiento completo a tiempo real), inmodificable (compartida entre todos los miembros de la cadena y sin necesidad de intermediarios que verifiquen y validen dicha información) y trazable en todos sus puntos. Mediante ello, se nos abriría un mundo completo de conocimiento de donde y para qué se destinan nuestros impuestos. Un ejercicio de transparencia colectiva que podría extenderse allí hasta donde la gestión ordinaria lo aconseje. Bien es cierto que los impuestos se destinan a los presupuestos generales, pero esto es algo muy genérico, una idea algo etérea o lejana que a día de hoy no consigue esa necesaria afectación a lo público, a lo común.

Por tanto, resultaría muy interesante saber que tanto por ciento de aportación de cada impuesto (imaginemos el IRPF) se destina a un Ministerio o a otro. O cuanto se destina a la partida de gastos de gestión ordinaria, o de contratación, o de suministros, y así sucesivamente de cada Ministerio u organismo en términos comparativos. Pues si extrapolamos esta circunstancia a la pluralidad de pagos públicos tendríamos el mapa perfecto de los presupuestos. Y lo que es aún más interesante, dar un salto adicional y poder conocer y comparar en términos de eficiencia muchas de las actividades que se realizan por los poderes públicos como gestores de lo común, del grupo, de la esfera pública. Lo que conllevaría una natural y mejor rendición de cuentas de las actividades públicas y un mayor conocimiento y afectación ciudadana a las mismas. Y dando un paso más en esta misma línea, podríamos tener un conocimiento propio y completo de las propuestas que los partidos políticos presenten a sus ciudadanos sin tener que conformarnos con un conocimiento tan genérico, inabordable e incomparable como lo son las grandes partidas, subpartidas y conceptos de los Presupuestos Generales del Estado.

Esta tecnología nos aseguraría de forma indubitada y conocida que nuestros pagos (en todos los conceptos, piénsese incluso en el IVA habitual que pagamos en cada compra) se destinan y concretan realmente en determinados conceptos. Y la suma de todos los pagos mediante esta tecnología permitiría una trazabilidad y seguridad total que quedaría perfectamente plasmada en los Presupuestos públicos. Y con ello, al ir a conocer el gasto al que se terminasen destinando esos impuestos se produciría la «conciencia» perseguida, pues cada ciudadano podría inferir, al igual que en su economía doméstica; de cuanto dispone; en qué lo debe y quiere gastar o invertir y; por supuesto, el tan importante coste de oportunidad en la toma de muchas de las decisiones a adoptar. El método empírico en materia de pagos de impuestos o pagos públicos sería una realidad. Pudiendo ir más allá aún, como, por ejemplo, sacando costes medios de los múltiples servicios que implica un auténtico Estado de Bienestar para que este sea realmente conocido, cuidado y deseado.

En definitiva, a día de hoy existe una tecnología que nos permite hacer todo esto de forma segura que, aplicada a los impuestos, un “BlockTax”, supondría, además de un ejercicio exquisito de transparencia pública, un mecanismo real de mejora del conocimiento y la educación cívico tributaria. 

Virginia Muñoz Fernández

Directora del Departamento de Recaudación de la Agencia Estatal de Administración Tributaria

3 comentarios en “BlockTax

  1. Virginia y Francisco

    El artículo y los comentarios me parecen muy acertados. Coinciden, en mi opinión, en la misma idea: la transparencia de la acción pública. Esto puede repercutir en la concienciación ciudadana sobre el uso de los recursos públicos compuestos, en su mayoría, por lo que todos aportamos. A mi parecer, además, sería un añadido ideal a la línea que se sigue con la publicación de la relación de los y las contribuyentes que tienen, en diversas condiciones y respetando los límites establecidos, deudas con Hacienda. El contribuyente sabe quién debe y podría saber de forma pormenorizada en qué se gasta lo que aporta. A ello, yo añadiría, conocer cuanto se recauda por cada figura tributaria y cuanto cuesta gestionarla. Se trata de completar el conjunto de elementos que componen la actividad financiera.
    No obstante, hay que tener en cuenta un aspecto. La información puede estar disponible, pero ha de ser fácilmente accesible. Dicho de otro modo, la tecnología aporta nuevos sistemas de compartir datos, pero no toda la población está familiarizada o, lo que es peor, no está en disposición de familiarizarse con ellos. En este sentido, veo que se han de combinar las dos ideas que aportáis: la tecnológica y la de, permítaseme, el dibujo con la moneda dividida en porciones a modo de tarta en formato papel o accesible en una web actualizada anualmente.
    En síntesis, la transparencia es un objetivo deseable, pero ha de ser efectiva con metodologías accesibles a cualquier usuario….a fin de cuentas, todos debemos contribuir a los gastos públicos

  2. Virginia coincido en la necesidad de que el ciudadano conozca en que se utilizan los recursos públicos obtenidos por las Administraciones principalmente vía los impuestos. Como expones la tecnología blockchain aporta trazabilidad y garantía de integrad de las transacciones que se «firmen» con esta tecnología. No obstante creo que el bajo conocimiento en que se utilizan los impuestos no es problema de trazabilidad, ni de desconfianza en la ejecución presupuestaria por parte de los diferentes administraciones, entes y organismos públicos. Es más bien una cuestión de pedagogía y difusión de información directa al ciudadano. Me refiero a que en las escuelas se explicaran nociones financieras básicas y exponer en que se gastan los impuestos para concienciar de que, salvo excepciones, yo diría que en un 98%, se utilizan correctamente, y los casos de mala gestión no es un problema de contabilización sino un problema de auditoría sobre la calidad y eficacia de los recursos utilizados. Yo incidiría más en esos temas de pedagogía y control ex post sobre el destino de los impuestos. Aún me acuerdo del año de declaración de IRPF en el que en el sobre del formulario de la declaración se adjuntaba un tríptico con una moneda de 100 pesetas, que se repartía en sectores especificando el porcentaje de las principales partidas de gasto de las Administraciones. Creo que es positivo que al hacer la declaración de IRPF se adjunte un PDF con la información simplificada del gasto realizado a nivel Estatal y a nivel autonómico, en un gráfico de tarta por sectores. Como sabes La AEAT en el portal educativo pública un resumen para enseñar en los colegios este tema.
    https://www.agenciatributaria.es/AEAT.educacion/Profesores_VT1_es_ES.html
    Está información está desactualizada y convendría refrescarla y hacerla más atractiva con el reparto sectorizado en colores de las principales partidas.

    1. Francisco, muchas gracias por su comentario.
      Estoy totalmente de acuerdo con usted en la baja o escasa formación que hay en España sobre cuestiones financieras y económicas. Es más, no solo formación económico-financiera-fiscal, sino también de otras áreas que tanto nos influyen en nuestro día a día, como el Derecho, englobando ahí la Constitución (tan de moda ahora), Administrativo, etc.
      Pero mi artículo lo he enfocado desde el otro punto de vista…es decir, no desde abajo, desde la educación y formación de los futuros integrantes de la sociedad, sino desde el punto de vista del que ya forma parte de ella y no ha recibido esa formación.
      Por otro lado, este tipo de tecnología lleva implícita y participa de esa información directa que comenta, porque se hace integrante de esa cadena a cada uno de los miembros que realizan ingresos y ejecutan gastos…es decir, a los administrados y administradores.
      Finalmente, respecto a lo que comenta sobre la confianza. Pienso que, más que una cuestión de confianza, es de concienciación. Con un sistema como este, se toma conciencia de los ingresos y gastos, no solo desde un punto de vista macro (en el sentido de grandes números), sino también micro, entendiéndolo como lo más cercano o próximo a las personas, a los individuos, lo que realmente cuestan las cosas, costes de oportunidad, etc.
      Esto nos permitiría una mayor fiscalización y decisión de los ingresos que tenemos en un país y cómo se quieren utilizar, canalizándose a través de las diferentes propuestas económico-financieras contenidas en los programas de los partidos políticos que aspiran a gobernarnos.

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